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Oír en internet música y canciones de Misa Católica

¿Quieres escuchar música en internet de Misa Católica? En esta playlist te hemos puesto canciones canciones católicas.

La celebración (entendida como liturgia como acción) es una categoría fundamental para definir la liturgia como acción representativa y actualizante del Misterio de Cristo y de la historia de la salvación. Esta acción litúrgica (celebración de la fe) tiene cuatro componentes: el evento que motiva la celebración (evocado por la Palabra de Dios), la asamblea celebrante (la Iglesia como sujeto de la acción), la acción ritual (respuesta a la palabra de Dios). Dios a través del canto y la oración: oración eucarística) y el ambiente festivo (lugar, tiempo, signos y símbolos) que lo llena todo.

El canto es una realidad religiosa en toda la Biblia y en particular en todos los Evangelios. El mismo Señor fue a la sinagoga según su costumbre (cf. Lc 4,16) y allí participó en el canto de los Salmos. En la última cena cantó los himnos del rito pascual (cf. Mt 26, 30).

Espiritualidad bíblica El canto en la Biblia está precedido por el reconocimiento de la presencia de Dios en sus obras de creación y en sus intervenciones salvíficas en la historia. El ejemplo más completo son los Salmos, que abarcan todas las formas de expresión sonora, desde el grito y exclamación de alegría hasta el canto acompañado de música y danza (cf. Sal 47,2,7; 81,2; 98, 4,6, etc. ) . La invitación al canto es frecuente al inicio de la alabanza (cf. Éx 15,21; Is 42,10; Sal 105,1), adquiriendo paulatinamente connotaciones mesiánicas y escatológicas, aludiendo al cántico nuevo que debe cantar toda la tierra (cf. Sal 96,1) cuando el Se cumplen las magníficas promesas del Señor (cf. Sal 42,10; 149,1). Este cántico comenzaba con la victoria de Cristo sobre la muerte, cantada por todos los redimidos (cf. Ap 4,9-14; 14,2-3, 15,3-4).


La Iglesia primitiva continuó la práctica de la sinagoga de cantar salmos y otros himnos: «En cambio, sed llenos del Espíritu y reciten salmos, himnos y cánticos inspirados entre ustedes; canten y canten (celebren) en sus corazones al Señor, dando continuamente gracias y todo a Dios Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo ”(Ef 5,18b-20; cf. Col 3,16); «¿Sufre alguno de vosotros? Rezad. ¿Alguien está contento? Cante los salmos» (St 5, 13). En Corinto todos llevaron su salmo al encuentro, porque San Pablo advierte que «está hecho para la edificación de todos».

A principios del siglo II, los cristianos se reunían antes del amanecer «para cantar un himno a Cristo, como a un dios» (cf. Plinio, El Joven, Ep. X, 96,7). En la época patrística se multiplican los testimonios sobre el canto litúrgico. He aquí un ejemplo significativo: «Cuando siento que esos textos sagrados, así cantados, constituyen un estímulo más ferviente y ardiente para nuestro espíritu que si no fueran cantados. Todos los sentimientos de nuestro espíritu, en sus variados matices , encuentran en la voz y el canto de sus correspondencias o modos. Ellos exaltan estos sentimientos con una afinidad que describiré como misteriosa ”(cf. San Agustín, Confes. X, 33,49).

Sin embargo, no todos los Santos Padres estaban entusiasmados con el canto en la liturgia. Algunos, como San Juan Crisóstomo, fueron muy críticos, entendiendo que la música era un factor de dispersión y un cumplido para los sentidos. En la Edad Media, Santo Tomás era un poco torpe en la defensa del canto litúrgico (cf. S Th II-II, q. 91, a. 2). Estas actitudes muestran que en la Iglesia siempre ha existido una gran preocupación por el carácter auténticamente religioso y litúrgico del canto y la música dentro de las celebraciones.

Los últimos y más notables ejemplos son el motu proprio Tra le Sollecitudine di San Pio X (22-XII-1903), la encíclica Musicae Sacrae Disciplina de Pío XII (25-XII-1955), la instrucción sobre la Música Sagrada de los Santos Congregación: (3-IX-1958) y la Constitución Sacrosanctum Concilium del Vaticano II (4-XIl-1963), que dedica el capítulo VI a la música. Este documento representa la culminación de todo un movimiento para la restauración del canto gregoriano y la renovación del canto religioso popular.


Después del Vaticano II se produjo el fenómeno de la proliferación de la música, muy difícil de juzgar desde el punto de vista de los criterios litúrgicos y pastorales del canto y la renovación litúrgica. Entre los documentos posconciliares dedicados a la renovación de la liturgia, hay que mencionar la Instrucción Músicam Sacram del 5 de marzo de 1967, ya que hay muchísimos que tratan específicam

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